Escrito por Anónimo / Ilustración por cata N0

Le pedí y asintió para luego despedirse fríamente, después de darme el consejo más cruel que pude recibir en toda mi vida después de esa pesadilla: “No mires atrás” – LEE LA PRIMERA PARTE DE ESTA HISTORIA

Un año más tarde, después de una década de agitado desamor, mis padres se divorciaron abruptamente. Yo, hija menor de tres hermanos, jamás dije una palabra de nada. No hablé nunca de dolor frente a ellos, porque sentía vergüenza del dolor. Mi papá siempre me insistió en que tenía que ignorar todo lo que me provocara sufrimiento y miedo, porque era muy linda e inteligente como para llorar. Nunca lloré por el desamor de mis padres. Nunca lloré por el abuso sexual.

Apenas semanas después de la separación de mis papás, conocí al que sería mi primer pololo, mi primer compañero de amor, chistes, vida cotidiana y momentos difíciles. Ese pololo con el que piensas que te vas a casar y que estarán juntos toda la vida. Ese primer pololo que es el primero-en-miles-de-cosas.

Recuerdo exactamente el momento en que le insinué que era virgen. Estábamos en un parque cerca del colegio en el que estudiaba, era una conversación veraniega donde lo comenté de una forma en la que sonara algo relajado y liviano. Ahora que lo pienso, tiene mucho sentido el tono en que fingí decirlo: estaba horrendamente avergonzada del sexo, de mi sexualidad, de mí.

Nuestra relación era un precario equilibrio entre mi adolescencia, mi emocionalidad desatada y su personalidad. Muchas veces caíamos en discusiones eternas donde lo importante eran más los silencios que mis ruidos: la supuesta mentira de que era virgen, cuando un hombre ya me había tocado antes.

Aún así, todos lo meses él tenía en sus manos una carta donde le declaraba mi amor incondicional y eterno. Hasta que un día, desenamorada, desencantada y cansada de los reproches y las bromas que a veces se volvían demasiado crueles, terminé con él, durante mi primer año de universidad. Pasé cuatro años sin entregarme ni involucrarme con nadie, cuatro años donde me preocupé de construir las bases de la mujer que había soñado ser por tanto tiempo, cuatro años donde también tapé con muchas evasivas las heridas que alguna vez tuve.

CONTINUARÁ…

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