Escrito por TortaDePasteles /

Estoy sentada y la estoy mirando. La miro como si supiera que sabe que me gusta. Me gusta mi “compañera” de pega. Es mi práctica, pero ella trabaja, de verdá, acá. Cuando llegué, pensé al tiro que era lesbiana, pero lesbiana con polola. No sé cómo chucha creí que podía afinar de ese modo mi certero gaydar (ojo de cola), pero le achunté, pero fue una mierda confirmar mi certeza.

La mina se sienta dos puestos al lado mio, y aunque intento hablarle ene, preguntarle el 80% de mis dudas y todo, no le puedo preguntar el apellido, y cierra todas sus ventanas cuando yo me acerco a su lugar (solo una persona está entre las dos pero nos paramos a conversar cerca de la otra), y no puedo sapiar mail, nombre de face, del twitter, nada wn. Pero ayer brilló la luz divina y se mandó correos con justamente el compañero que nos separa, por lo tanto, tenía su apellido.

Ahora debía encontrar el segundo, que rápidamente apareció y paff, psicopateo level dios hasta encontrar la foto con los colores de la bandera de la diversidad, el ver intereses comunes en face como javiera mena, joven y alocada, y un par de datillos más que replazmaron a mi compañera, linda (no mina, linda), como mi compañera fleta linda, que me gusta.

Ahora que sé, que no la miro con cara de pervertida que no respeta la sexualidad de otros y podría irrumpir con un comentario fuera de lugar, me siento tranquila pudiéndola mirar, pero su polola y saber que es “su amor’’, sí, así tanto psicopatié, me frena y es fome. Detrás de esos lentes se esconde una niña tan llamativa que lo único que quiero es poder hablarle, parecerle interesante y conquistarla porque esta niña nada de niña ME ENCANTA.

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