Escrito por Policroma

¿Alguna vez vieron la película de Campanita? La primera, en donde cuentan su origen. ¿No? Pues les hago un resumen. Se encuentra Campanita en el mundo de las hadas, junto a sus compañeras, reunidas para descubrir cual será su “don” aquel que las distinga entre las demás. Llega el turno de nuestra querida hadita del vestido verde y resulta que su “don” es el de arreglar todo aquello que está roto. Campanita se va desilusionada, esperaba algo mucho más glamoroso, quizás el “don” del amor, por ejemplo.

Cuento corto (¡spoiler alert!), en la película, obviamente, termina muy feliz aceptando sus nuevas habilidades. ¿Que tiene que ver esto con mi historia de amor? ¿Otra loquita rayando con las películas Disney? Bueno, sí. Pero con un pequeño giro. Hace un tiempo me di cuenta que tengo una debilidad por aquello que está roto… cosas, personas… Descubrí que todos los hombres que he querido estaban rotos, dañados emocionalmente. TODOS.

Al notar ese daño, terminaba más enganchada, para luego verme en la frustrante tarea de… “repararlos”. Y debo decir que era bastante buena en mi trabajo, tal como Campanita, tenía el “don” de arreglar aquello que estaba roto. Aquellos hombres que quise, lograron sentirse mejor consigo mismos, pude ayudarlos… pero luego de eso, no había nadie que me “reparará” a mi y terminaba nuevamente sola.

No quiero entrar en los detalles de esas historias, pues ya les he dado demasiado de mi tiempo. Ahora, estoy aprendiendo a repararme a mi misma (esa parte no sale en la película de Campanita) y ha sido muy difícil, pero estoy tranquila, pues tengo la pequeña esperanza que la próxima vez no tendré que sanar a un corazón roto, porque el mío no lo estará.

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