Escrito por Anónimo / Ilustración por Catalina Bodoque

Tengo un amigo, o sea tengo muchos amigos, el asunto es que nadie como él. La primera vez que lo vi me enamoré. Demasiado guapo, el ayudante más seco de dibujo, muy serio y peludo. Muy, muy peludo y amo eso. Reconozco que iba “arregladita” a sus clases y usaba los lápices más para morderlos sensualmente que para dibujar.

No me pescaba ni en bajada, con suerte se sabía mi nombre. El día de la muestra final de los trabajos –ya me había dejado de gustar un poco, siempre me aburro rápido del enamoramiento– pensé que se quedaría al vino de honor, pero lo vi irse altiro y con él se iba mi miniamor. Así fue, no pensé más en él, hasta que dos años ¡dos años después! –igual ene para mis cortos veintidós– me llamó para invitarme a ser parte del equipo de diseño de un proyecto que él encabezaba.

Me volvió un poco el amor, pero solo un poquito porque se volvía real la posibilidad de que pasar tiempo juntos lo hiciera enamorarse de mi, eso creía tontamente porque me creo bacán, pero se los juro, eso pasó. Empezó el trabajo, harta reunión seria, mucho tiempo juntos sin coqueteos, ni nada, onda amor y sexo descartado, hasta que un día nos tocó recorrer Santiago en su auto recopilando materiales. Ahí cambió todo. Hacía un calor de locos, íbamos pasando por una plaza en La Reina y le dije “¡para, para!” paró el auto y yo bajé rápido y corrí a mojarme con esas regadoras de plaza tipo aspersores. Volví al auto y estaba riéndose a carcajadas. Nunca había oído su risa estridente que me enloqueció con tanta energía positiva, lo amé.

Desde ese día no hemos parado de hablar por whatsapp todo los días, todo el día, de ir a carretear juntos, andar por ahí caminando, ir al mall, trabajar juntos, visitar amigos, comer, tomar, ver películas, conversar y por sobretodo querernos y regalonearnos. Desde ese día, se propiciaron algunos encuentros amorosos, un par de besos, en público y privado de pie y en horizontal, encuentros que no pasaban de grado uno (qué cuma decirlo así pero para que entiendan) y siempre terminábamos con unas risotas y unos abrazos apretados y unos “tkm amiguito”.

Siempre la gente nos dice que hacemos bonita pareja, todo el mundo cree que estamos en “algo”, que uno está enamorado del otro en secreto y esas cosas. Supongo que es porque estamos siempre muy juntos, nos tenemos confianza, hablamos mucho con el resto de nosotros y todo nuestro amor se nota a leguas.

Muchos apuestan que nos daremos cuenta cuando tengamos ochenta que éramos el amor de la vida uno del otro, y en verdad lo he pensado pero si es así, si es así, te juro que bacán, total nuestra amistad será para toda la vida, siento que es una de mis almas gemelas, la cagó para ser un amigo entregado, incondicional, leal, amoroso y preocupado.

Si me preguntan qué es para mí el amor, mi resumen es él.

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