Escrito por Anónimo / Ilustración por Catalina Bodoque

Juro que todo lo que escribo acá es absolutamente real, aunque no sé si es exactamente una historia de amor porque yo era súper chica y pava. No cachaba que era estar enamorada, además atravesaba una etapa media pokemona (colegio grande, de clase media, compañeros con peinados raros y cosas fluor). Pero en fin, estaba recién empezando eso que describen como adolescencia.

Tenía 14 y entré a un colegio nuevo, gigante para mi. Me vi rodeada de cosas que no tenía idea que existían. Yo estudié toda la básica en un colegio cuico, con un montón de reglas encima, en una burbuja. Aún así no me demoré mucho en hacerme algunos amigos, muchos de cursos mayores, particularmente de un tipo que siempre estaba metido en asuntos pseudo políticos estudiantiles. La cosa es que un día estaba mirando de un lado del pasillo al otro y lo vi con la niña más encantadoramentebonita que (en serio) jamás había visto en mi vida. Media rubia, bajita, ojos claros.

Para que entiendan lo que significa: Yo era como declarada evangélica, iba a una iglesia y creía que sólo por pensar eso había un problema conmigo, le eché la culpa a mil cosas, a la edad, a los problemas adolescentes pero me superaba. A pesar de que estaba con otros niños en esa época igual , de vez en cuando la veía pero nunca me dediqué a averiguar nada de ella, lo único que sabía era que estaba en 4to medio y, por lo tanto, era lo más imposible de la vida.

Pasó el año, ella salió del colegio y vinieron para mi las vacaciones de verano, nada fuera de lo común. Hasta que un día se me ocurrió abrir mi mail (que no abría jamás) y ahí, mezclado con un montón de porquerias, casi al final de la lista había UN MAIL DE ELLA. Una persona con la que nunca había hablado, en un colegio como de mil personas. Esa niña me había escrito que yo le gustaba aunque no me conocía ni sabía nada de mi. Fue un shock porque les juro que lo que yo sentía no lo había compartido con nadie y ni siquiera se me habría ocurrido que ella sabía de mi existencia (además de darse el trabajo de averiguar mis datos).

En ese momento entré en estado de desesperación y con una impulsividad acorde a la edad, me conseguí su número y la llamé. Acordamos de juntarnos en el forestal, tomamos un helado como si fueramos amigas y al despedirnos sólo me dijo: Fue lindo conocerte. Yo sentí que no podía dejarla ir así y le dije que no, que quería verla otra vez. Así empezamos una especie de relación, yo seguía yendo a la iglesia y cantando canciones cristianas y yendo a los campamentos de jóvenes y rezando todas las noches para que Dios me perdonara por lo que estaba haciendo.

La cosa no duró mucho básicamente porque yo era una pendeja que no sabía cómo manejar una relación y menos una tan compleja. Cuando terminamos fue horrible porque estuvo en el mismo lugar horas esperando a que yo regresara y puta, la verdad si volví pero sólo para mirarla de lejos. Finalmente seguimos en contacto un tiempo, más que nada para saber de la vida de la otra, las dos crecimos y aunque guardamos nuestros teléfonos, finalmente dejamos de hablar. La verdad es que nunca sentí que había superado esa historia.

Pasaron algunos años, salí del colegio y me metí a una especie de institución cristiana, estuve viviendo ahí un par de meses, dedicándome básicamente a encontrar un poco de tranquilidad en mi cabeza. Un día de esos tuve un sueño. Iba por las calles corriendo con una mochila de esas de camping bien grande, la estaba buscando porque necesitaba despedirme. Llegaba a su casa y le contaba que tenía que irme, que no iba a volver y que gracias por todo. Desperté muy extrañada y me pasé todo el día en miles de actividades, volví en la noche y encontré como mil llamadas perdidas de ella en mi celular (no hablábamos hace muchísimo tiempo). La llamé de vuelta y entonces me contó que había soñado conmigo la noche anterior y era básicamente que yo me moría y ella iba a verme para despedirse. Fue el mismo sueño en dos personas diferentes. Lloré demasiado y casi no podía creer que el cierre de una historia podría ser tan hermoso.

Ahora me acuerdo de todo eso y me río no más, no sé en qué estado estaba pero le agradezco mucho a la vida esos pequeños momentos tan mágicos.

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