Escrito por Señorita / Créditos por imagen

Acompañé a una amiga a una pega voluntaria de dos semanas. Yo iba solamente a ayudar, pero el primer día un muchacho se acerca a hablarme y pensé “qué feo pero simpático niño”. Con los días conversábamos de las mismas cosas y a la semana ya lo encontraba hermoso. Nos dimos unos besos una noche y cuando volvimos a Santiago dejamos de vernos.

Pasó un tiempo y nos encontramos en un carrete, bailamos toda la noche, y no nos despegamos más. Nos gustábamos, nos encantábamos pese a que yo era más tradicional y él era un espíritu libre. Hacíamos puras locuras, nos emborrachábamos juntos en plazas, salíamos a andar en bici en la madrugada, nos colábamos a conciertos, él me ensañaba malabares y yo le enseñaba de poesía. Bailábamos en nuestras pieza y después hacíamos el amor varias veces una misma jornada.

Todo iba hermoso y alocado hasta que una noche en que salimos juntos, un tipo le preguntó si me podía jotear y él le respondió “dele no más compadre”. Yo de pura picada y curada le di un beso al jote, frente a él. Me fue a dejar a mi casa, se despidió de beso en la mejilla y nunca más me llamó ni yo tampoco lo busqué.

Creo que nunca había conocido a alguien tan salvajemente único, inteligente y auténtico. Y no importa si ya no nos vimos más, porque su paso por mi vida me hizo mucho más feliz y libre. Donde quiera que esté, le mando una mordida de labio y un pedacito de poesía.

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