Escrito por Ebriedad / Crédito por imagen

El amor. Qué difícil. El amor. Es difícil pensarlo, fácil escupirlo, difícil dejarlo. Es el amor romántico el que hoy nos convoca, pero qué estrecho parece.

Me he enamorado un par de veces, quizás sólo una, quizás muchas, quizás ni recuerdo. Se vuelve esquiva la certeza frente al paso del tiempo y lo lejano de las sensaciones.

He besado más labios de los que recuerdo. He cantado canciones alegres y tristonas. He intimado en intimidad y en espacios públicos. El cielo me ha parecido inmenso y también una habitación densa que se encoge.

Una vez lloré por amor pero aún no lo acepto del todo. Bueno, me es difícil. De una u otra manera la vida me ha dejado ideas en las que me voy sosteniendo. El amor me ha llegado de muchas maneras y no quiero dejarlas de lado. Es necesario que agradezcamos a los amigos y a los familiares que nos brindan su amor fraterno, a las mujeres y a los hombres que nos hacen felices en términos de romanticismo y, por sobre todo, al ser humano que nos mira desde el espejo.

Este último es el más importante de todos. He entendido que no todos podemos ser como las otras personas que a lo largo de diferentes momentos de nuestras vidas vamos admirando. Obvio que está bien admirar ¿Quién no tuvo una amiga a la que quiso imitar y sostener su mano? ¿Quién no deseó tener el humor hipnotizante de ese amigo de infancia que nos llenó de tantos bellos momentos? Admirar y reconocer las cualidades de otro con humildad es una parte importante de nuestro crecimiento. Sería maravilloso evitar envidiar, vivir con paz de por medio, romper las murallas que nos han obligado a levantar.

Sé que muchas veces no logramos comportarnos de esa manera y en gran parte es porque el mundo nos llama a competir entre nosotros. Pero amigas, pero amigos, estoy seguro que tenemos la posibilidad de elegir cuál de esos llamados escuchamos y cuáles no. Y bueno. Así como he reconocido que es parte fundamental del bienestar no envidiar al resto, también me parece importante reconocer que jamás podremos ser como el otro.

Nuestra belleza está aquí dentro, nos la han ido construyendo todas esas personas que alguna vez admiramos, aquellas que envidiamos por diferentes razones, los familiares que nos dieron un abrazo, la amiga que nos enseñó a reír, el amigo que nos enseñó a llorar, la pareja que nos rompió el corazón pero solo después de habernos hecho sentir que éramos eternos, los lugares que visitamos, los momentos vividos, los paisajes que nos llenaron y esos otros nos desolaron.

Nuestra singularidad está latente, rebosante y solo necesita que la desarrollemos con honestidad y cariño. El amor es un componente que bien canalizado no tendría por qué dañarnos, pero es complicado llevarlo bien con tanto despilfarro de sensaciones tóxicas intentando parecer benignas. Quizás cuando logremos desarrollar al del espejo con cariño y paciencia, podamos liberarnos de aquellas situaciones que alguna vez provocamos y que nos acabaron empañando.

Por ahora, aún me siento empañado, intentando mejorar, trabajando día a día en mí y en mis cariños, siempre cuidadoso de no pasar a llevar a los demás. Sé que con paciencia llegará el momento en que pueda disfrutar del amor en sus diferentes contextos y aceptar de una buena vez todas las veces en que me he enamorado. Por ahora mis vestigios dicen que fueron un par, mis dolores insisten en que solo fue una y mi optimismo se encierra, tozudamente, gritando que fueron varias.

Qué coqueta es mi mente en este momento.

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