Escrito por Anónimo

Esta historia poca gente la sabe. Es de esas historias que pasan y por poco a veces piensas que quizás la inventaste en tu cabeza. Había decidido dejarla en el pasado, enterrarla, pero creo que para comenzar un nuevo año liviana, tengo que compartirla, de forma anónima, pero compartirla de alguna manera. Es larga, así que si la leen hasta el final, bacan.

Llevaba casi un año trabajando en una tienda del metro, en pleno centro de santiago. Hace hartos meses que había terminado un pololeo bien largo, y había decidido de cierta manera no estar con nadie, no conocer a ningún tipo ni tener ningún tipo de encuentro amoroso. Ya había estado muy enamorada y sentía que tenía que estar sola. Este plan funcionó bastante bien por harto tiempo. Hasta que dejó de funcionar.

Era un día cualquiera, toda la tarde en el trabajo atendiendo gente y mirando cómo las personas pasaban por el metro, subiendo y bajando las escaleras, subiendo y bajando. Por ahí por las 6 de la tarde, como siempre, se había llenado la tienda, entonces atendía como podía a todos, mirando que no se robaran nada, que no se arrancaran, respondiendo preguntas. Cabe decir que la tienda donde trabajaba es de vidrio, una pecera, donde siempre había gente que miraba hacia adentro, pero desde adentro, es bastante difícil ver hacia afuera, se crea un reflejo entonces casi nunca podía ver a la gente que pasaba por fuera, o nunca me había fijado, en realidad.

Llega este día, atiendo a la gente, todo está lleno, y de pronto y sin querer miro hacia afuera y como nunca, me fijo en un mino que pasa mirando hacia adentro, juro que fue un segundo, un segundo en que se cruzaron nuestras mirada y sentí ese nervio tonto y sin razón que uno siente cuando le gusta alguien, como cuando vas caminando por la calle y te cruzas con alguien que encuentras atractivo, eso mismo pero yo desde la caja y el pasando por fuera de mi trabajo. Un segundo, y pasó. Me detuve un minuto en lo lindo que lo había encontrado y volví a mi normalidad de siempre, seguir atendiendo, seguir trabajando.

Pero a los 5 minutos y mientras atendía lo veo, dentro de la tienda, entre la gente, sacando una bolsa y dispuesto a comprar. En eso se desocupo la tienda, nos saludamos, me pregunto algunas cosas y pago. Mientras esperaba que saliera el recibo de la tarjeta sentía que me miraba mucho, pero na, de seguro eran rollos míos. Le di su boleta, su bolsa, se despidió y se fue. Dioh mio que hombre mas lindo, pensé. Pero también pensé que era gay.

Pasaron los días y obvio que lo olvidé, hasta que un día me llega una notificación de instagram, un me gusta en una foto MUY antigua. Me meto a la cuenta y me pongo a revisar las fotos y paf, era él. El mino de la tienda. Se me revolvió un poco el estomago y me palpitó un poco mas fuerte el corazón. Le devolví el me gusta. Y así fue por unos días, me gusta va, me gusta viene. Un día lo seguí, me siguió de vuelta, y así. Un tarde, nuevamente mientras trabajaba, de pronto lo veo pasar, a lo lejos. Guata revuelta de nuevo. Pensé «Que rabia, si nos seguimos y todo, por que no paso por acá», quizás me estoy pasando rollos, quizás ni sabe quien soy.

Pasaron los días, seguían los me gusta, y una tarde mientras atendía a una niña lo veo, subiendo por la escalera y caminando directo hacia mi, mientras me miraba. Jamás nadie caminó más lento. Lo miré, se me dio vuelta la guata y el corazón me palpitaba fuerte. Era muy lindo, tan lindo que no pude sostener la mirada y mire a otro lado y él siguió de largo y salió del metro. Maldición.

No aguante más, apenas me desocupe agarre el celular y le comente una foto «Parece que te vi en el metro». Me llega un mensaje directo «como andaba vestido?» Y ahí me condené. Esas primeras palabras que nos escribimos fueron el comienzo de la maldición porque amigos, no, esto no es una historia con final feliz.

Comenzamos a hablar, me dijo que vivía a dos cuadras el metro, que siempre pasaba por ahí, que me había encontrado en instagram de casualidad. Me dijo que le gustaba la música, que no le gustaba lo que vendía mi tienda, que solo había entrado porque algo le había llamado la atención, que cómo iba a ser que no nos volviésemos a encontrar. Al otro día pasó a saludarme. Hablamos un poquito, mucho nervio, mucha risita tonta. Cuando me quedé sola me di cuenta que a pesar de no conocerlo nada me encantaba, me había flechado pero cuáticamente, lo recordaba en mi mente y se me daba vuelta todo, esas no eran mariposas, eran como abejas asesinas.

Cuando ese día estaba a punto de salir del trabajo me escribe si debía irme rápido a casa, obvio que le dije que no, y me invitó a tomar un café. Me fue a buscar, salí de la tienda y lo vi de pie esperándome y no se como pude caminar con el temblor de mis rodillas. Me gustaba mucho. Fuimos a un lugar cercano, él se tomó una cerveza y yo un jugo, conversamos y nos reímos y era todo demasiado de película, que pasaba con estos desconocidos que podían hablar tan fácilmente. Sentía como me miraba y supongo que yo lo miraba de la misma forma. Nos despedimos.

Pasaron un par de días y me pasaba a saludar. Volvimos a salir, caminamos buscando donde ir mientras hablábamos, me contó que hace un tiempo había tenido un accidente y le habían dejado algo malo, un tornillo o algo así, me tomo la mano y me dejo tocarle el hombro, seguimos hablando y no me soltaba la mano. Mi corazón. Hablamos mucho, nos reímos, nos tocábamos las manos, le mostré unos tatuajes que tengo en los brazos y después me hacía cariño en los tatuajes.

Me fue a dejar a la micro a eso de las 12, y cuando ya me iba nos dimos un abrazo, y pude sentir ese momento en que sabes que te vas a dar un beso con alguien porque ya es inevitable, tenía su cara en mi cara y la cosa iba a pasar. Y la muy imbécil me corrí, le di el besito en la mejilla y me fui corriendo a la micro. Un rato después me preguntó si había llegado bien y hablamos un poco. Nos despedimos.

Después de ese día le escribí para que fuéramos a almorzar y no me respondió. No me respondía nada. Algo pasó, pensé. Algo hice mal. ¿Habrá sido el no beso? No lo sabía. Hasta que casi una semana después me respondió, un mensaje por facebook un poco largo donde me decía que no podía salir conmigo, me pedía mil disculpas y que no entendía qué había pasado, que no sabía cómo había sido el que nos conociéramos y todo, pero que él estaba pololeando, y que mejor dejáramos todo ahí, que si nos volvíamos a encontrar, fuese por casualidades del universo. ¡QUÉ HUEA! pensé.

Pero estaba claro, no podía ser todo tan ideal. Me dejo de seguir en instagram pero no me eliminó de facebook. Así pasaron los días, vi que subió unas fotos muy feliz con la polola, lo odié, pero al mismo tiempo me seguía gustando mucho. No pasó más por la tienda. Sufrí, y fui bien tonta porque habíamos salido dos veces, debía poder olvidarlo altiro. Pero no pude.

Pasaron casi dos meses y un día mientras atendía a un viejo lo veo venir. Sentí un terremoto grado 8 mil bajo mis pies. Entró a la tienda. Nos saludamos, nos abrazamos. Me pregunto como estaba, me dijo que era rico verme. Y se fue. No entendí nada, para que venía de nuevo si aun pololeaba. Pasaron los días y comenzó a pasar por fuera de la tienda otra vez, me pasaba a saludar, hablábamos un poco, todo era muy casual pero yo sabia que jamás iba a poder ser su amiga porque me moría de amor.

Una noche salí a carretear con unos amigos, fuimos a ver a Protistas a un bar y mientras estaba ahí riéndome lo veo entrar con unas amigas y su polola. Casi morí. Me escabullí entre la gente y me acerque al escenario. Comenzaron a tocar y lo veía a lo lejos, me miraba a veces. De pronto la polola no estaba, la tocata terminó y con mis amigos caminamos hacia la barra, lo vi y le toqué el brazo, me abrazó, estaba un poco curao y me dio un cuneteao.

Me dijo que no podía creer que estuviese ahí, que andaba con amigas, que la polola estaba en el baño, Me dijo que bailáramos, y en eso volvió la polola. Lo solté, le dije que no había justicia en este mundo, me dijo «no, no hay justicia». Días después fue a la tienda, me pidió disculpas por haber sido tan efusivo en la fiesta, pero ese día estaba un poco tomado, y muy feliz por algo del trabajo, y me había visto, y había sido todo demasiado.

Siguieron pasando los días y a mi cada vez me gustaba mas, sentía que yo también le gustaba, pero que rabia, por que tenia que pololear. Llegó el día de su cumpleaños, y le dije que pasara por la tienda porque le había llevado un regalo. En realidad era una tontera, una libreta que había hecho (porque hago libretas). No me respondió el mensaje y pensé que no iría. Ya cerca de la hora de salida me llega un mensaje. Era una foto de la tienda, me di vuelta y estaba parado al otro lado, mirándome.

Le dije que fuera. Entró, le desee feliz cumpleaños, le di un abrazo y su regalo. Me agradeció mucho y me dijo que tenía que decirme algo. Empezó a hablar. Que no podía estar lejos de mi. Que había tratado pero no podía, que peleaba mucho con la polola, que buscaba excusas para pelear y así poder ir a verme, que le gustaba mucho, etc etc etc. Me dijo que recién había peleado fuerte, que se iba donde unos amigos, que no sabía qué hacer. No supe qué decirle, nos dimos un beso rápido. Cuando iba camino a casa me bajé en un metro cercano y le dije que fuera. Ahí llegó.

Le dije que me gustaba mucho, que solo podía decirle que esperaba que terminara con su polola, que nos conociéramos, que estas cosas no pasaban porque si. Me dijo que sabía que debía terminar, arreglar sus cosas y buscarme pero no sabia si seria capaz. Nos despedimos y nos dimos el primer beso. Ese que siempre es medio raro. Este fue perfecto. Ay, mamá, me acuerdo y aun me pongo nerviosa un poco.

Pasaron unos días y volvimos a salir, hablamos mucho y nos dimos muchos besos. Me dijo que tenía que terminar pero no sabía cómo hacerlo, que había tratado y no había podido. Le dije que ya había pasado por esto hace muchos años, y no había terminado bien para mi entonces había jurado jamás hacerlo de nuevo. Pero me gustaba tanto que de cierta forma no me importaba que nos viéramos mientras él hacía el trámite de terminar. Y así fue. Nos empezamos a ver seguido, hablábamos todos los días, iba a su casa los sábados, nos reíamos, estábamos juntos, unos días me quedé a dormir con él porque la polola estaba de viaje. De a poco me iba enamorando. Y él no terminaba. «No podía».

Fui tonta, MUY TONTA. Ahora miro hacia atrás y no puedo creerlo, no puedo entender como me deje caer en una situación que claramente no iba a ningún lado. Un día me quedé dormida en sus brazos, desperté y me sentía muy rara. Habíamos estado toda la tarde juntos y me haba dicho que en la noche tenía que ir a un concierto de anita tijoux, la polola se había ganado entradas. Me sentía tonta, en mi interior sabía que esto no estaba bien. Que debía terminarlo. No era bueno para mi. Y al mismo tiempo le estábamos haciendo un mal a una mina que no tenía idea que su pololo se la cagaba como quería. Y conmigo. Que tan mala persona podía llegar a ser.

Me vio que estaba extraña y me preguntó qué pasaba. «No sé», le dije, «me siento rara.» Y me dijo, «yo sé lo que te pasa. Lo que pasa es que te estás enamorando de mi.» Me reí y le dije que cómo se le ocurría. Pero tenía razón. Ese día me fui caminando y me cruce con el cierre de una marcha por la diversidad sexual. Al fondo de la alameda podía ver el escenario y mientras yo cruzaba la calle alguien cantaba a todo pulmón «sola otra vez». Tragicomedia.

Una noche estábamos juntos, acostados, hablando de la vida y por alguna razón la conversación se puso seria, me escribieron por whatsapp y me preguntó si acaso andaba con alguien, le dije que solo me gustaba él. Me dijo que no, que no tenía que ser así. Se sentó y me dijo que él no podía terminar con la polola, que no iba a terminar nunca. Que había tratado muchas veces pero sabía que no podía.

Que había pensado mucho cómo sería si le diera una oportunidad a terminar y estar conmigo, pero no podía, que había invertido tanto tiempo en su relación, que había pasado por tantas cosas. Que teníamos que dejar de vernos. Que lo más probable era que se arrepintiera y después me iba a estar buscando y yo ya no lo querría más. Nos despedimos.

Salí de su departamento y caminé por el centro. No pude contener las lágrimas y sentía como se había roto mi corazón. Me había usado, siempre supo que no estaríamos juntos. Un par de meses después me busco. Volvimos a vernos, esporádicamente, hasta que me contó que había terminado con su polola. Pero se había dado cuenta que quería estar solo. Un día me escribió que lo fuera a ver, pero después que mejor que no, que diéramos vuelta la página. Fui a encararlo porque esas cosas se dicen de frente.

Estuvimos juntos, me dijo que no podía decirme esas cosas de frente porque le gustaba mucho, cuando me veía «no se podía concentrar», que me quería ver pero no pololear, por ejemplo. Le dije que yo no quería pololear. Gran mentira. Nos encontramos de casualidad en otra tocata de Protistas, ese día el estaba con unas amigas. Creo que fue la única vez que alguien nos vio juntos, abrazados. Esa noche me confirma que todo lo que pasó fue real. Me dijo que me fuera con él a su casa, fui.

Al otro día nos despedimos con un beso. Otro mes después nos volvimos a ver. Estuvimos juntos en su casa. Hablamos de la vida, de que nos había pasado en el último tiempo, de que no sabía bien que hacer, a veces pensaba en volver con la ex polola, que a veces se sentía solo, tenía solo a su perro. Que quizás viajaba fuera de Chile este año. Le hable de mí, de que había sido un muy mal año, que tenía que presentar mi tesis, que tenia que arreglar unos problemas de asistencia. Me dijo que había sido muy lindo verme, y nos despedimos con un beso. Cerré la puerta tras de mi.

Hace un mes, creo, me dejó de seguir en instagram, después lo eliminó y luego me eliminó de facebook. No supe de él nunca más. Hace unas semanas fui a la tocata de ducktails con un amigo, que es amigo de él también, y me dijo que lo más probable es que él estuviese ahí. Por suerte no lo vi. Hace un tiempo me cambiaron de local en el trabajo, y ahora volveré al metro. Tengo miedo la verdad. Terminé el año entendiendo y aceptando que toda esta historia significó algo solo para mi. Que fui yo la tonta que de alguna manera se enamoro de alguien que estaba claro desde el principio no iba a elegir estar conmigo. O quizás me pasé rollos de más, quizás siempre estuvo muy claro que no iba a pasar nada serio. Vaya a saber uno. Ahora lo odio un poco.

Sé y acepto que aun me gusta, y por eso me da miedo volver a toparmelo. Pero también sé que fue malo para mi, fue malo para su ex y es probable que sea malo para una futura cabra a quien también cague o use. Quien sabe.

Y eso, creo en el amor, en que esas historias que comienzan un poco como de película si puedan terminar bien. Esta vez no funcionó. Aún me duele. Pero mejorará, lo sé, el tiempo está a mi favor.

No Hay Más Artículos