Escrito por Anónimo / Créditos por imagen

Yo salía con un cabro fome. Habíamos salido como tres veces no más y pucha, no había química. Ese día de julio habíamos quedado en ir al cine parece, pero como cachamos que no había química simplemente no fuimos y no nos dijimos nada, así que me quedé en mi casa holgazaneando en Facebook y conversé con un chiquillo que no conocía personalmente, que no le ponía atención, pero me dijo que estaba escuchando R.E.M mientras hacía su cama. Me pareció interesante que me dijera eso y seguimos hablando de buenas bandas.

En eso tuve que ir al supermercado de Cumming con Compañía a comprar pan así que le dije que me esperara y cuando volví le dije dónde andaba y él me dijo “oh, acabo de pasar por ahí, por qué no nos juntamos?” yo no lo pensé y le dije, ya, en 10 minutos te veo en el metro y fui po, sin pensar si era un psicópata o si era feo o bonito o qué onda, solo fui, y ahí estaba él, afirmado en el letrero de cumming con catedral, con unos pantalones claros y una chaqueta azul, era demasiado hipster pensé.

Recorrimos todo el barrio Yungay conversando, luego fuimos a la Alameda y llegamos a Concha y Toro, ahí en la piletita nos quedamos mirando por unos segundos y me dije, es bello e interesante este niño, me gusta. Llegamos a la plaza Brasil y nos sentamos, hablamos de cine me acuerdo, de las pelis que nos gustaban, él me dijo “Reservoir Dogs” es la mejor de Tarantino, yo le dije “Revolutionary Road” me dejó hecha pebre, la ultima que vi, y él me respondió, “Intensamente” fui la ultima que vi y también me hizo llorar.

Y sí, era cierto, semanas después lo vi llorar viendo “Intensamente”. Esa noche entre nuestros discos y pelis favoritas nos besamos escuchando “California Dreamin'” en una banca de la plaza brasil. Ahí supongo comenzamos a estar juntos, porque nunca nos pusimos de acuerdo en estarlo. La segunda vez que nos vimos fue como dos o tres día después de lo de la plaza, yo tenía rodaje y necesitaba extras y él me apañó.

Esa vez filmamos un carrete, de una comedia romántica en la que estaba trabajando, ahí entre el punchi punchi de las luces de colores y canciones de Blondie y los Smiths ya éramos una pareja. Recuerdo que en ese rodaje nos besamos tanto que su barba me hizo una herida en la cara. Esa fue la primera noche que dormimos juntos, y es uno de los recuerdos más bellos que tengo de él, al amanecer, cuando el sol entraba por la ventana y hacía brillar su pelo rubio y su expresión era tan tranquila que por un momento sentí ganas de llorar al mirarlo. Sí, fue fulminante, un amor violento nos fulminó, me cantaba él en esa semana.

Y así, comenzaron a pasar los días, nos comenzamos a ver mucho, a hablar cuando no nos veíamos, siempre estábamos juntos de cierta manera. Yo iba a su casa, pasábamos las noches escuchando música, contándonos historias, de la vida, de los amores, y festejábamos lo bonito que era estar ahí, de lo bonito que había sido la casualidad de habernos encontrado, y de lo felices que éramos en ese momento. De esa manera, sin darnos cuenta, pasó el primer mes.

Ese fin de semana que cumplimos un mes, fue perfecto, mis papas se habían ido al sur y mi departamento quedó solo, solo fuimos a una fiesta, y el resto lo pasamos ahí, encerrados viendo películas, durmiendo abrazados, cocinando tallarines, cantando. Nos encontrábamos demasiado a gusto estando juntos, me parece. Y de pronto, todo esto que parecía ir tan bien, dejó de parecerlo y nos encontramos frente a la realidad de que no alcanzábamos para un segundo mes juntos.

De un momento a otro, él dejó de ser quien era, “volvió a joderme la depresión, no creí que iba a volver tan pronto, estoy recayendo” me dijo, y yo ahora no sabía qué hacer, él ya no cantaba, ni me me leía, ni quería ver películas, ni salir, ni nada. Solo se echaba en la cama, en mis piernas, donde fuera y dormía. Yo pensaba que así como me había acostumbrado y había querido tanto a ese chiquillo flaco que leía a Aristoteles y canturreaba y se reía todo el día, también podía querer a este nuevo chiquillo flaco que ahora estaba triste, sabía que iba a ser complejo pero quería hacerlo, lo quería a él como fuera, como estuviera, pero no contaba con que él iba a ser el que no quería que lo quisiera, con que me iba a alejar de su vida tan rápidamente, porque eso hizo.

Un día en la Quinta Normal -la ultima vez que nos vimos- dijo que había perdido el interés en mí, no me miró a los ojos, no me dijo nada más, solo supimos que ese era el final, que había sido bonito, pero que había sido. Me acompañó a mi edificio, nos abrazamos en la entrada por mucho rato, y yo lloré, y lloré en sus brazos, porque sabía que ese era el último adiós, él me besó en la frente, en las mejillas y se marchó.

Después de ese momento, llegué a mi departamento y miré todo, y miré mi cama y todo absolutamente todo me recordaría a él, lo veía por cualquier esquina. No pude dormir esa noche ahí, me fui donde mi mejor amiga. El trayecto entre Cumming y Parque Bustamante nunca me había parecido más largo. En mi celular sonaba “Es demasiado triste” de los Prisioneros y cada línea me hacía y me hacía sentido. No podía parar de llorar. De hecho, esa noche más lloré que dormí.

Un par de días después, le escribí una carta y se la envié por mail, pero busqué la forma igual de hacerle llegar el original (en papel). Me reuní con un amigo que vivía con él y se la entregué, y ahí este amigo me dice que no sufra, que no me sienta culpable de nada, porque el chiquillo había estado conmigo y con tres niñas más al mismo tiempo, que no valía la pena. Yo en shock, no dije nada y me fui, así estuve como tres días, hasta que lo vi conectado en Facebook y le pregunté que qué era esa historia. Pensé que me iba a responder algo que me dejara medianamente tranquila pero no. Solo se hizo la víctima, que él no había hecho nada, y dos minutos después cortaba todo nexo conmigo, me bloqueó en Facebook, en Whatsapp, en donde fuera.

Esa fue la ultima vez que hablé con él. A las semanas después, vi una foto de él y su amigo (él que me había contado la historia esta) donde aparecían más juntos y fraternales que nunca. Así que concluí que todo esa historia no fue cierta y que solo fue una mentira planeada por él para romperme el corazón pretendiendo así apartarme de su vida. ¿Por qué de esa forma? Será una pregunta que quizás nunca lograré responderme, junto con las eternas interrogantes de si alguna vez me quiso y esas cosas angustiosas que hacen poner en duda todo lo que viviste.

En fin, yo sí lo viví, yo sí me enamoré locamente de él, de su aspecto adolescente, de sus ojos claros, de su voz cantándome, de todo lo que concerniera a su ser. No sé si alguna vez lo vuelva a ver, o si volveremos a conversar. A mí, a veces me gustaría.

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