Escrito por Sebastián Pinilla / Créditos de imagen

Con Sofía nos conocimos en circunstancias muy especiales. Ella es una actriz extrovertida, madre de un niño de 6 años y una mujer fuerte y emprendedora. Yo soy un músico introvertido, el hijo mayor de dos hermanos y un hombre más bien sensible.

Ella tiene 27 años y yo 24.

Marcando para siempre aquel día de trabajo, la vi por primera vez sentada en su primera clase práctica de la escuela de doblaje en la que yo trabajaba, grabando a los estudiantes como técnico en sonido. Cuando me di cuenta que además de hermosa, era tremendamente alegre y extrovertida, supe de inmediato existían muchas probabilidades de que me atrajera.

Los tiempos de cada uno confabularon, y ya a un par de semanas de conocernos comenzamos a salir… primero en grupo y después como pareja. Todo fue muy natural, hermoso e intenso. Tras largas conversaciones y tiempo compartido, supe que Sofía había vivido cosas fuertes, que la marcaron para siempre e hicieron de ella una mujer muy sabia y muy precisa en sus consejos y apreciaciones. A pesar de ello, su personalidad volátil e inestable, la hacía perder el control y la concentración en ciertas situaciones… es ahí donde yo funcionaba como su soporte, su cable a tierra y su compañero. En definitiva, al igual que otras parejas comenzamos a usar nuestras propias diferencias para complementarnos, como un verdadero rompecabezas. Compramos una agenda muy bonita, y la fuimos llenando con las experiencias (buenas y malas) que vivíamos juntos.

Figura 1

Tras unos meses de relación, llegó el día de conocer a su hijo. Aún recuerdo los nervios que sentíamos… vamos… ¡Una madre no le presentaría su hijo a cualquier persona! Desde ese momento, sentiría que este viaje en el que nos embarcamos sería algo realmente importante. ¿Y si le caía mal? ¿Si de alguna manera no me aceptaba? Todo podía suceder. Afortunadamente, durante esa tarde no hubo más que juegos en la plaza, tierra, galletas y sonrisas entre los tres. Sofía me había otorgado la confianza para compartir con la persona más importante en su vida. Todos los miedos y rumores acerca de llevar a cabo una relación con hijos de tu pareja, se desmoronaron en un instante. Definitivamente había conocido a la mujer con la que quería pasar el resto de mi vida.

Con el pasar de unos meses, la rutina comenzó a apoderarse de nosotros. Sofía me confesó que estaba muy confundida y necesitaba cosas nuevas. Progresivamente comenzó a alejarse hasta que llegó el día que nos reunimos y decidió terminar nuestra relación. Siempre estaré agradecido de cómo y cuándo lo hizo. Dejó todo muy claro, que yo era una persona buena, que le gustaba mi sensibilidad y preocupación por el detalle, que ella necesitaría tiempo para superar las heridas de su relación anterior, entre otras cosas. Fue gentil, honesta y sencilla.

Como era de esperarse, mi proceso de superación fue mucho más lento que el de ella. Me dediqué a componer y grabar en mi estudio canciones propias por primera vez. El dicho “necesito una crisis emocional, para salir de esta crisis negativa” es muy cierto. Por primera vez en mi vida, fui capaz de canalizar la pena, la rabia y la frustración en melodías, que poco a poco fueron formando un disco al que titulé “Para No Dejar De Viajar Jamás”.

A pesar de todo, con Sofía seguimos estando intermitentemente en contacto por fechas como navidad, año nuevo, su cumpleaños, y otras casualidades. Me acostumbré a escribirle una tontera cada día, hasta que el dolor que me causaba sus respuestas frías y lejanas acabaron con mi estabilidad. Fue así como Delia, mi mejor amiga, me recomendó que iniciara de una vez por todas lo que llaman “Contacto Cero”. En definitiva, corté todo tipo de comunicación con Sofía y evité enterarme de cosas de ella, por ejemplo, por las malditas redes sociales.

En consecuencia, después de 3 meses fue Sofía la que comenzó a enviarme mensajes. Muchos tenían que ver con el querer saber de mí, si me sentía mejor, algunos favores, entre otras cosas. Yo me limité a contestarle fríamente. Les confieso que cada vez que le respondía, me hundía en un mar de lágrimas, nunca le había escrito de esa forma. Sin embargo, ¡Funcionaba!… recuerdo muy bien los nervios que me provocaba escuchar el teléfono y atenderlo esperando que quizás fuera ella… nos sinceramos, nos preocupábamos del otro, pasamos ratos realmente hermosos escribiéndonos, a veces desvelándonos. Al pasar 5 meses, nuestra comunicación se tornó cada vez más cercana… volvieron las palabras lindas, las “buenas noches/buenos días”, los buenos deseos y las ganas de volver a reencontrarnos.

Figura 2

El 20 de mayo de 2015 fue el día más hermoso de mi vida. No recuerdo sentir una felicidad similar al volver a verla. Fue esa noche, el tráfico estaba terrible y las micros no pasaban, y tuve que esperar un bus en un paradero muy cercano a su hogar. Le escribí y le dije donde me encontraba… pasaron unos minutos y a lo lejos, divisaba la silueta de Sofía caminando hacia mí… insisto, no recuerdo sentir una felicidad tan grande en otro momento de mi vida. Fue una hora entera, sentados en una banca, abrazándonos, llorando, sintiendo su olor nuevamente, tocar su cabello, perderme en sus ojos de miel y besar su boca inolvidable… el amor por Sofía nunca se fue, es más, nunca se ha ido.

Desde ese 20 de mayo, volvimos a estar juntos por nuevos 5 meses.

Nos dimos nuevas oportunidades y prometimos ir más despacio esta vez. Volver a ser su pareja fue un sueño cumplido, de esas oportunidades que se te presentan solo una vez en la vida. Hacer el amor y estar pegado a su pecho con los ojos cerrados durante horas, la felicidad estaba ahí… viajando, acompañándonos en nuestras tonteras, conocer a su familia maravillosa, dejando atrás nuestra antigua agenda y vivir cosas nuevas sin preocuparnos de las fotos y el resto del mundo.

Poco a poco, los conflictos comenzaron a aparecer y mi inmadurez frente a las dificultades que tenía Sofía, no hacían justicia. Lamentablemente, nuestras diferencias fueron más fuertes y unir

las piezas del rompecabezas se hizo imposible. Sofía necesitaba a alguien fuerte que pudiera contener esa energía infinita que genera, un hombre que le entregara seguridad y no sensibilidad. Soy pésimo en las discusiones… me desespero, me bloqueo y quedo sin argumentos… ello provocó que en uno de los momentos más difíciles de nosotros, yo le dijera mentiras y malas palabras, que terminaron por sepultar el amor que sentía por mí y apagando su deseo. Ya no había nada de mí que le llamara la atención, que la hiciera vibrar, amar y sentirse protegida… yo volví a ser un niño frente a sus ojos… ya tenía uno… ¿Quería otro más? Ella necesitaba fortaleza y no sutilezas.

Después de unas semanas, decidí cambiar mi actitud frente a las situaciones que me anulaban… aprendí mucho con todo lo que había pasado y me sentí al fin preparado para entregarle a Sofía lo que necesitaba… como era de esperarse, ya era muy tarde y esa misma mañana ella decidió terminar nuestra relación para siempre. Caí en un hoyo emocional y la obsesión por ella se hizo latente. Comencé a buscarla hasta abrumarla y finalmente me escribió de forma directa que la olvidara, que de vuelta la página y que la posibilidad de volver es prácticamente nula.

Pasaron unas semanas. Ella compartía canciones por las redes… pero no era yo quien las respondía con otras melodías que nos identificaran. Cuando me enteré por una foto que ella estaba en pareja nuevamente, supe que mis sueños de volver a estar juntos serían para siempre sólo eso: Sueños. Bastó solo mirar esa foto, para darme cuenta que ahí estaba todo lo que ella necesitaba. Es un buen hombre, mayor que yo, seguramente más fuerte y con la capacidad de entregarle la seguridad que necesita con sólo su presencia. Era inevitable que Sofía se enamorara de nuevo… lo que me duele hoy es ver señales de eso tan pronto… no puedo ser tan egoísta, y parte de mí está feliz de verla contenta y radiante de nuevo.

Siento que aprendí como nunca pero el dolor no se va… en algún momento nos proyectamos juntos. Cometí infinidad de errores que pude evitar tan sólo tomando mayor atención a sus palabras, acciones y el entorno. Hoy, me conformo con tener la capacidad de superar el dolor, y no perderla para siempre… si no soy su pareja, me conformo con ser el mejor de sus amigos para cuando el dolor haya desaparecido y mi corazón decida amar nuevamente.

Hoy, terminé el disco que nació en nuestra primera ruptura y concluyó en la segunda. Los caminos y vueltas de la vida no se pueden truncar ni engañar, así mismo pasa con la música… debía entregarle estas melodías estando separados.

Ella hizo magia con su tiempo cuando estuvimos juntos, derribó montañas por nosotros y se la jugó como nadie para que lo nuestro funcionara. Sofía hoy es feliz, y quiere reunirse conmigo esta semana para devolvernos nuestras pertenencias y cerrar el ciclo para siempre. Yo quiero le entregaré el disco “Para No Dejar De Viajar Jamás”… es la única persona que quiero que la escuche… todas las canciones son ella, nosotros, lo que vivimos, lo que amamos. Seguramente es la mejor manera de cerrar este capítulo de mi vida, dar un paso al costado con honestidad y dejar a Sofía libre de amar y emprender su vida con quien la merezca. Es que no hay nada más bello que ser amado por ella.

Figura 3

No Hay Más Artículos