Escrito por Rocío Varela / Ilustración por Tallulah Fontaine

La rabia pasó a pena y después cada día lo veía más distante, como algo innecesario empolvado junto a los recuerdos de amistades desechadas y de mi vieja ciudad. Me resguardaba en que había sido su primer amor, sentirme importante e innombrable me hacía sentir segura, porque todo estaba cambiando, menos eso, en algún lugar alguien pensaba en mi con angustia y cariño. Pero ahora con el tiempo me invade una sensación más fuerte y triste que no tenerlo cuando lo quería: el olvido.

Intento hacer las cosas que hacía antes, aceptando incluso la pena que conllevaría eso, para sentirlo cerca, para creer que aún somos capaces de sentir algo, pero estos lugares ya no me hacen sentir nada, ni el frío del invierno, ni la felicidad de las reconciliaciones, ni el confort de sus abrazos, ni el dolor de las peleas.

No puedo odiarlo, y creo que ya ni siquiera nos queremos.

Nos aferramos a la idea de que siempre va a ser distinto (nosotros, juntos) pero ya no puedo con la mentira, no somos especiales.

Ya no sé quién es él y sé que me debería alegrar, pero dejar ir todo es como quedar puerta afuera, y tengo miedo, no puedo afrontar nada sin ser parte de algo. Todas mis historias han sido sobre él, pero tras encontrármelo tiempo después, un domingo, no sé ante quién estaba, sólo queda un cariño lastimero de parte de ambos y el miedo a la soledad. Quien busco en otros chicos ya no existe, no vive ni está enterrado.

Ya están todos hartos de mi sufrimiento, hasta yo, pero la verdad es que no sé sentir otra cosa después de siete años (tal vez seis), me da miedo decir su nombre porque sé que hasta yo voy a querer enrollar los ojos, pero rendirme ante sentir algo me ha costado más que alejarme de mi país, que trabajar, que dejar y volver a fumar. Es una mierda, pero sé que es hora, porque ya han pasado ciudades, personas, carreras, proyectos, y aunque esta pena es lo único familiar que siento todo el año, me tiene chata, y me muero de miedo pero quiero/necesito cambiar de piel.

Él ahora tiene un nuevo amor, un nuevo gran amor, y yo, yo no sé no-llorar/sufrir/putear/culpar.

Bueno, si me usted lector me ve en la calle y le digo que lo superé o que no lo superé, no me crea.

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