Escrito por Muriel Solano 

“La cosa es así, bien simple, mi corazón es su casa.
Puede usted pasar cuando quiera, mi corazón es su casa”

Así empieza la canción de Javier Barría que nos dedicamos y cantamos millones de veces. Era nuestra canción, porque amarlo a él realmente se sentía como estar en mi casa. Era cómodo, era entretenido, y fue todo lo que necesité por un tiempo. Partió confuso, fortuito y conmigo saliendo de otra relación, pero en pocos meses pasó a ser todo, al menos para mí.

Y todo ese amor se volvió en mi contra porque me sentí profundamente traicionada con su olvido. Terminé con él porque las cosas no estaban funcionando como antes, él ya había perdido el interés, o algo así, y yo no podía seguir acumulando tanta rabia.

Hoy es totalmente diferente, ahora no me duele verlo, ya no me pesa estar con él en un grupo y no abrazarlo. Me alegro de sus logros y algunas veces, cuando compartimos un poco más de lo normal, me acuerdo por qué éramos tan amigos.

Los dos cambiamos y sería imposible retomar cualquier cosa. A veces quizás siento que lo extraño un poco, pero se me pasa, y pienso que más que extrañarlo a él, extraño sentirme cómo me sentía cuando estaba con él. Dormir siesta escuchando Spinetta, las risas en la cocina o poder ver películas de terror porque sabía que alguien me iba a abrazar en la noche.

Es raro escribir sobre él porque nunca había podido hacerlo desde que todo se acabó. En ese tiempo, con toda la rabia y la pena que sentía llené un cuaderno que todavía está en uno de mis cajones, ahí viven las cartas que le escribí –y que por suerte nunca mandé-, pero cuando dejé de sentirme tan mal, también dejé de escribirle. Todavía tengo su caja eso sí, donde guardé todas sus cosas, porque las Gilmore Girls me enseñaron que eso se hace cuando terminas con alguien: guardas las cosas porque en algún momento va a ser lindo volver a encontrarlas.

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Cuando fue pasando el tiempo fui superando todas las cosas y los rastros que dejó su presencia en mi vida. Inventé niveles que de a poco iba superando, así me di cuenta del momento que dejé de extrañarlo o cuando dejé de preguntarme qué habría pasado si hubiésemos resistido un poquito más juntos. Creo que el último nivel lo superé el año pasado, en agosto parece, o al menos me acuerdo que hacía frío cuando después de un carrete en el auto de un amigo sonó LA canción, y sólo subí el volumen y la canté entera por primera vez desde que no estaba con él.

Algunas veces me pregunto si las cosas son como las recuerdo o si quizás las inventé yo, pero sé que uno reconoce cuando las personas te miran con ojos de amor, y yo sé que él en algún momento se sintió así conmigo. Yo, al menos, tengo claro que me sentí así con él, como cuando miras a una persona y sabes que no cambiarías ese momento por nada del mundo. A veces me pregunto si me voy a poder sentir así de nuevo con alguien porque estoy segura que ya estoy lista.

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