Escrito por Helvetico

La conocí el 2010, en una iglesia canuta, de un pueblo pequeño cerca de Temuco. Me llamó la atención por su silla de ruedas (de las bacanes, con motor eléctrico), pero más que por la silla, por ella. Era súper linda. Hermosa, la verdad.

He voluntariado en algunos lugares y conozco el trabajo con personas en situación de discapacidad, por ende, pude actuar con naturalidad y no como la “gente normal” que la piensa dos veces antes de hablar con alguien discapacitado.

Nos saludamos, compartimos el típico “¿qué haces?” y casi de inmediato “¿tienes Facebook?” ambos. Nos reímos y obviamente compartimos nuestros perfiles. Al volver a mi ciudad, la agregué al tiro como amiga y ella también a mi. Empezamos a conversar y chatear, por Facebook y también el extinto MSN.

Los ratitos que estábamos en el chat se hicieron enormes y muy gratos. Se formó una amistad bacán. De esas que tu sabes que no necesitarás que pasen los benditos siete años para que sea para siempre. Compartimos de nuestras vidas, pasado, presente y anhelos para el futuro.

También, compartíamos en persona, ya que ella tenía sus horas de tratamiento en la Teletón… así que al poco tiempo empecé a acompañarla a terapia. Ahí descubrimos lo rico que fue el primer abrazo de amigos, y también a notar la libertad y naturalidad que giraba en torno a nosotros. Me explico, estando juntos empezamos a darnos cuenta de que estábamos siendo 100% nosotros, en actitud y personalidad, en todo, eso era genial.

Pasó el tiempo, meses de hecho, y la amistad siguió… pero llegó un día de octubre en el cual poco antes de que ella tomara el bus para volver a su pueblo, le pregunté con todo el temor del mundo si quería que pololearamos. Sus ojos se encendieron… y su respuesta fue de que sí.

La genialidad de todo el universo fue inmensa en ese momento. Habíamos empezado. A la semana, oficializamos el pololeo con sus viejos… Todo iba de maravilla.

Pasaron los meses y siempre descubríamos algo nuevo el uno del otro. Siempre habían cosas buenas. Mucha risa, mucha conversación, en cierta forma, como si fuéramos los mejores amigos de la vida, bueno, nunca dejamos de ser amigos, siempre la amistad ha sido fundamental en la relación. Nos conocimos a fondo, gustos, mañas, sueños, penas, errores, temores y horrores incluso.

Lo genial, al menos para mí, es que encontré a la mejor persona del mundo mundial, en quien menos se podría pensar. ¿Y la silla de ruedas? se podrán preguntar… La silla es lo de menos, de hecho, es una parte más de la relación, un símbolo de seguridad. Ya que por su condición, también aprendí mucho de cómo tratarla, los cuidados, los pros y los contras, todo.

Tardes de películas, de jugar Mario Kart 64, de estar echados en la cama sin hacer nada, en fin, de todo y nada, pero juntos. Ella se preocupaba por mi, así como yo de ella. A mi me resulta increíble la seguridad y tranquilidad que me otorga ella. Yo la llevo en brazos, la cambio de silla cuando corresponde y la ayudo en sus cosas, también, obviamente, la regaloneo y le expreso mi cariño y amor. Lo genial, es que es absolutamente mutuo.

No fue cosa de meses, no de ese tiempo en que “todo es bonito”, sino que es algo permanente y que ha llegado a ser cinco años. Y sigue todo igual, de hecho, de mejor manera. Nunca nos aburrimos y si lo hacemos, suelo salir con alguna estupidez graciosa que la haga reir.

Cinco años en los que también hemos sufrido, llorado, por amarnos, más que nada. También terminamos, a razón de temores naturales y preguntas del futuro que no se pueden responder en el presente inmediato. La separación fue durísima, pero sirvió para madurar y crecer en varias cosas. Pasó un tiempo más o menos largo y volvimos, de a poco, pero aquí estamos. Quizás el futuro sea distinto, quizás su condición empeore con el tiempo (hasta el punto en que la relación no sea viable). Pero no me importa, Carpe Diem. Vivimos el día y lo demás, Dios sabe.

La clave, creo que ha sido la conversa y ser transparentes y también tener una actitud siempre alegre. Nuestras discusiones han sido contadas con los dedos de una sola mano y siempre terminan después de un gesto chistoso o un abrazo reconfortante. Nunca nos pusimos graves por diversos asuntos y eso que lo más bien podíamos hacerlo, pero optamos por ser felices. ¿Para que discutir en mala, si una vuelta winner en Mario Kart podía solucionar el problema?

Ha sido lejos la mejor relación y persona que he conocido en años luz en la vida. Aún siendo yo de pasado medio jote, ahora todo es ella. Apaña en todas y aguanta que pase de mi versión más ñoña y Simpsoniana posible a la versión más seria, madura e incluso hot que pueda existir de mi persona.

Me ama. Yo a ella, con o sin silla de ruedas 🙂

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