Soy feminista y amo. Amo a distintas personas y vivo distintas relaciones de amor. Amo a mi pareja, amo a mi familia, amo causas, amo amistades, y me amo a mí. Quizás esta última relación amorosa ha sido la más difícil, sin embargo la que ha sentado las bases de mis otras relaciones. Cuando ésta se tambalea, porque aún me ocurre, todas las otras también lo hacen. Por lo mismo me cuido, me pienso y me cuestiono.Y acepté escribir esto pensando que, justamente, sería un buen ejercicio.

Escrito por María Jesús Ibáñez Canelo

No sé si los acontecimientos ligados al amor son necesariamente los que marcan los comienzos y fines de nuestras etapas en la vida, más aún si ello se basa en el hecho de “ser mujer”, como lo plantea Marcela Lagarde en Claves feministas para la negociación en el amor. Pero sí sé que de la manera en que la cultura nos ha instruido como “seres para el amor” es decir a través de mitos y preceptos a nosotras las mujeres, el amor ha sido por milenios una constante de traición y de opresión en nuestras vidas.

Porque las personas aprendemos a amar, y a las mujeres nos enseñaron —e impusieron— que el amor todo lo vale, lo cura y lo puede. Y estoy hablando del amor patriarcal, el que ha hecho heroica la violencia machista y ha acreditado al odio romántico. Ese amor que lo primero que vende es el discurso de ser un sentimiento que no puede entenderse desde lo racional. Ese amor machista que justifica, acepta e incluso destaca actos de violencia física, psicológica y simbólica. Ese amor que nos tratan de vender en la publicidad, el cine, la tele, la prensa y la cultura patriarcal en general.

—Los celos son algo importante en la relación, porque entonces significa que le importas. Que le gustas de verdad.
—Me controla porque le preocupo.

 

El plan B (en inglés The Back-Up Plan) es una comedia romántica protagonizada por Jennifer Lopez. Esta película es un ejemplo de película que replican el amor machista.

Un 38% de los asesinatos de mujeres que se producen en el mundo son cometidos por su pareja (OMS). Esto habla del amor y su lógica de la violencia.

No compro el amor romántico, machista o patriarcal. Ese que se levanta desde un imaginario heteronormativo —lo impone y reproduce— y una desigualdad entre los géneros rígidos “masculino” y “femenino”. Ese que recae como una una responsabilidad femenina en que somos nosotras quienes debemos velar por el amor, sin pedir nada a cambio.

Se asume que el amor es lo más importante y el único objetivo para las mujeres, pues nosotras seríamos “seres amorosos”. Es cosa de revisar la ficción y los mitos que nos entrega y refuerza la sociedad, allí el amor suele ser la solución a todas nuestras desgracias, como “el estar sola”. Porque ojo, eso es raro y sólo puede significar que tienes algún problema, nunca libertad, independencia o autonomía. El fin del 90% de los personajes mujer es el amor romántico o un hombre ¡¡Mal!!

El amor machista subestima nuestras decisiones y es incapaz de asumir lo prescindible del hombre en una relación. De la misma forma, en el amor patriarcal si has estado con varios tipos también te juzgan: “Nadie quiere a las sueltas para algo serio”, te están recordando todo el tiempo.

Pero, ¿por qué asumen que todas aspiramos a tener algo serio? ¿Por qué se asume que si quiero estar con muchas personas eso no puede ser algo serio? Todo esto tiene todo que ver con la idea del control por la otra/o/x a la base de la violencia machista. Porque cuando estás ante un amor romántico identificas sentimientos, gestos, palabras y actos de posesión. Pasas a ser de otra persona y sientes que eres dueña de alguien, con lo que ello implique —control, celo, imposición de reglas, disposición de los cuerpos y la sexualidad—. ¡La lógica de la propiedad privada en gloria y majestad!

Todo esto ha hecho que muchas estén pidiendo al amor con ese otro/a/e/x/s todo este rosario: “Que nos salve de la soledad, que nos haga sentir bien, que nos ayude, que nos colme, que nos transforme, que nos solucione y nos resuelva, que nos de placer, que dure para siempre, que nos ayude a escapar de la realidad y nos lleve al paraíso, que nos dé estabilidad y seguridad, que nos haga felices…” —copio textual las palabras de Coral Herrera en “Menos guerras románticas y más amor, por favor”.

Y se pone peor, el espiral de la debilidad y la dependencia de nuestra persona hacia un otro/a/x/e/s continúa, así lo pretende la estructura machista. En tu psiquis hay un vacío —impuesto, claro— y te convences(n) de que sólo se llena con un otre/o/x/a. Mari Luz Esteban, antropóloga en la Universidad del País Vasco, sostiene que “es peligroso que el amor sea el único recurso de nuestra vida”. Dejar de entender al amor como el eje principal de nuestras vidas puede hacer mucho en nuestra libertad y autonomía.

Dentro del machismo, lo físico siempre será la manifestación más visible del continuo violencia hacia las mujeres, pero es importante que comprendamos que el resto no deja de ser tóxico y opresivo, sino al contrario son vehículos a través de los cuales se reproduce el patriarcado y la heteronorma.

Por todo esto no creo ni compro el amor machista, la estrategia patriarcal que reproduce la condición de subordinación de las mujeres. Desde el feminismo apelo a la libertad, la autonomía de nosotras como persona y la autonomía de nuestros cuerpos. A querernos y bastarnos con nosotras mismas. A no poseernos con otras/o/x/e sino decidir acompañarnos hasta que así lo sintamos. “El amor es una combinación de cuidado, compromiso, conocimiento, responsabilidad, respeto y confianza”, dice Bell Hooks en Comunión: la búsqueda femenina del amor.

Porque la culpa no la tiene el amor, la tiene el machismo. Bell Hooks en su libro Todo sobre Amor señala “El abuso y negligencia niegan el amor. El cuidado y la afirmación, lo contrario de abuso y humillación, son la base del amor. Nadie puede legítimamente pretender ser amoroso cuando se comporta de forma abusiva”

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