Escrito por B (26 años, Santiago)  / Ilustración por Ian Stevenson

«Nunca más en mi vida voy a hacer algo así por nadie». Me acuerdo clarito. Dije eso cuando tenía 19 años de vida, pero la bruta no aprende poh, así nomás es la vida… y aquí estoy, llegando a Chile después un viaje de 10 días a otro país, para ver a la persona que quiero (no es la misma de los 19, por si acaso) enamorada hasta el tuétano, extrañándolo como si no hubiese un mañana, porque en verdad no tengo idea si hay un mañana o no…que es lo peor… pero bueno. Aquí estoy, esperando, esperando, contando los días, los minutos, a veces odiando, a veces amando, hay días que despierto enojada con él :P, hay días que me despierto enojada con la vida, con mis papás, con mis amigos, porque nadie me entiende, pero bueno, hay otros momentos en que me siento la más bacán por mi súper decisión, por estar aquí, amarrada al barco hasta el final, aunque se hunda.

Lo más divertido de todo es que nos conocimos por Tinder, oh tinder… una aplicación basurilla que a algunos nos sacaba de apuros (sobre todo a los tímidos). Con cero fe de que iba a conocer a alguien realmente interesante y divertido, aunque obvio conocí más personas así, pero no es el punto, el punto es que nunca pensé que me enamoraría de alguien que conocí por Tinder.

Despues de varios desatinos tinderísticos, un día media aburrida, media chata, media esperanzada de encontrarme con un no-pelmazo en la susodicha aplicación, mi dedo estaba medio acalambrado de tantos «no me gusta» cuando apareció él <3 _ <3. La verdad es que tenía una pura foto de perfil, en la cual valga la redundancia, salía de perfil. Se le veía poco y nada la cara, o sea, cero cachar si era bonito o feo o alto o chico, solo vi un gorro, una barba, y apreté «me re gusta» por que mi guata me lo dictó así (y por que encontré confiable que tuviéramos como 20 amigos en común en facebook :P).

A los dos minutos aparece una ventanita con su «hola!». Me puse nerviosa y le respondí en un dos por tres «hola, como estás?». Nos pusimos a conversar y terminamos dándonos los whatsapp, preguntando por nuestros intereses descubrimos que teníamos mucho en común, pero no como «oh a mi tambien me gustan las sopaipillas con ketchup!» si no que cosas mas trascendentales como nuestros trabajos, nuestros intereses y en cierto modo formas de vivir y ver la vida.

Conversando todos los días es que me cuenta que en tres semanas se va de Chile a vivir a otro país… a vivir, no a vacacionar ni a estudiar, a vivir y a trabajar y a instalarse, pero como la curiosidad mató al gato, cuando me invitó a almorzar no lo dudé ni un segundo, total, no tenía nada que perder, según yo, que me creo chora y que no me entran balas ¿quién sabe si es un adefesio feo o si me cae mal?

Así que un día jueves, quedamos en almorzar juntos después de hacer trámites, y le hablé para saber si estaba listo, que ya me había desocupado. – «Estoy de camino a casa, por qué no vienes para que no estés dando vueltas mientras yo me arreglo y vemos que hacemos?»- Generalmente digo NO a esas situaciones, en que es un desconocido, que vive solo y que nadie sabe dónde estoy… pero esta vez algo pasó, algo me decía «veee, no seas pava, veee, nada pasará» así que tomé el primer taxi que pillé y me fui hasta su departamento en el centro.

Cuando iba subiendo el ascensor mi corazón latía a mil por hora, me preguntaba «por qué estoy haciendo esto?, que raro…». Me acuerdo que lo primero que sentí cuando llegué a su piso y me acerqué a la puerta, fue un exquisito olor a marihuana pero de la buena, nada malo podía pasar jajaja, así que golpeé la puerta y ahí estaba, recién vestido, bañado, con un caño en la mano, estiloso, lindo, muy amable, y amé su tono de voz <3 pensé «dónde estuviste todo este tiempo!» jajajaj. En fin, almorzamos comida árabe en su casa y lo único que recuerdo es que conversamos sin parar hasta que ya me tenía que ir, como a las 8 de la noche. Me fue a dejar al metro, me dio un abrazo apretadito, y quedamos en volver a vernos, no pinchamos ni nada, es que estaba tan entretenida la conversación que ni cerca estuvimos.

Una semana después, nos juntamos a cenar, ambos habíamos tenido una semana ocupada, así que coincidimos un viernes que era feriado por suerte. Buscamos un restaurante que se acomodara a nuestros gustos, y bueno, cenamos, y nos fuimos a su casa, pero ahora si que fue extremo ¡conversamos como 5 horas sin parar! Y tan tímidos que ninguno se atrevía a lanzarse sobre el otro, aunque a mi no me faltaban ganas. Lo importante es que finalmente nos abrazamos y besamos y fue hermoso, pero lo demás no lo voy a contar 😛

Así, conversando casi todos los días, pasaron las 3 semanas que le quedaban en el país, nos vimos unas 4 veces más antes de que se fuera, todas inolvidables, todas con anécdotas que me gustaría escribir pero que mejor me las guardo para mí :P. Yo viviendo a concho pensando que la vida es una sola, y que no lo iba a volver a ver, él, un amor de persona, muy cariñoso, demasiado interesante, mega atento, fue tanta la conexión que su última noche en Chile, me pidió que la pasara con él, así que me fui tardecito y le preparé una cena para que no se olvidara de mi 🙂 me vine con un poquito de pena cuando nos despedimos, pensando que por qué tengo tan mala suerte, que por qué la vida es así, pero a la vez que conocerlo fue una experiencia increíble, que me marcó y que definitivamente aunque no fuese una relación amorosa, al menos había ganado un amigo 🙂

Nunca me voy a olvidar la última imagen que tuve de ese día, él saliendo a dejarme a la puerta, yo mega abrigada, me dio un besito en la boca y me dijo «tienes que ir a visitarme!», sentir la puerta cerrarse y camino a casa sentir esa penita que recorre el cuerpo, que humedece los ojos, que hace suspirar…Pensando que ya cada uno iba a seguir su camino…

¡Pero, noooo! ¡Me equivoqué! Seguimos hablando, incluso mucho más que antes, enviandonos audios por whatsapp, emojis de amor extremo, canciones, dibujos, pasaban los días y era más doloroso, más heavy, más necesario hablar, comenzamos a hablar por gtalk, por cámara web, hasta que un día maravilloso de descuentos en LAN, me dijo que cotizara pasajes y en resumen me pagó la mitad para que fuera pronto a verlo.

Comenzó la cuenta regresiva ¡cuánto faltaaaa! Igual que un niño chico de viaje, cuántos días horas minutos segundos faltaaaan. Está demás decir que eliminé tinder de una, que empecé a rechazar invitaciones a salir de otros chiquillos, solo tenía (y tengo) ojos para él <3 Planificamos el viaje y hasta me ayudó a ordenar la maleta virtualmente, jajaja. Me contaba todo los lugares que me iba a mostrar, yo estaba ansiosa generando dineros para poder ir tranquila, pasó el tiempo y llegó el hermoso día en que viajé, a una hora terrorífica, con una guagua terrorífica en el asiento del lado, pero yo creo que nada ni nadie me podía borrar la sonrisa y la alegría de que lo iba a ver POR FINNNN, después de dos meses y medio de extrañarlo, de anhelarlo y de andar como caballo de feria.

Para qué les digo lo que me pasó cuando lo vi, casi me desmayo, ohhhhhhhhh fue erigido, ese abrazo, yo creo que nos hizo perder peso y nos descontracturó todos los huesos jajaja. En resumidas cuentas, es heavy lo que uno hace por amor, arriesgar todo, porque a pesar de haber estado cinco veces juntos antes que se fuera, nos la jugamos por volver a vernos y estar nada menos que 10 días seguidos sin separarnos, algo que para mí al menos, que ya estoy grande, significa mucho, ya que puedo vislumbrar ciertas cosas que te alertan en la convivencia, que te dicen «ah no este cabro no sirve es muy flojo» o cuanta cosa más que tenemos como individuos, «la letra chica» como dice mi mamá jajaja

Así es como me requetecontrahipermega enamoré. Me di cuenta de que nos reímos de las mismas tonteras, de que tenemos formas de vivir similares, de que queremos lo mismo en la vida, y por sobre todo que al separarnos sigamos comunicándonos igual o más que antes, en verdad no sé si reír o llorar ahora. Aún no hay una moraleja, una conclusión, seguimos queriéndonos a distancia, dando la batalla porque somos soldados del amors.

Con esto quiero decir que por favor, por mí, que soy una joven enamorada, romántica y anónima, si tienen a su pareja cerquita, si viven en la misma ciudad, ámense, quieranse, júntense, hagan cucharita, masajee aunque le de flojera, cocínele un engañito aunque le de pajita, salga a bailar aunque esté cansado, hágalo reír aunque estén enojados, sean felices que la vida es una sola, y si los separan unos pocos kilometros ¡disfruten! Que yo ahora sé lo que es necesitar aunque sea escuchar sus ronquidos, que me rete por ser una ciclista ebria, que me pida que le rasque la espalda, qué más quisiera yo DIOH MEOH! Muchas gracias a quienes se den la paja de leer mi relato, os quiero, os adoro, porque el amor es el motor de la vida y bla bla bla, y bueno, es verdad eso. Ya chao, me voy porque se me están cociendo mucho los fideos en la olla, au revoir.

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