Escrito por Liberté / Ilustración por Stephen Maurice Graham

Nos conocimos el 2013 por un chat. Claramente la tecnología en estos tiempos se hace presente en todo. Era un chat aleatorio, salían muchas fotos abajo de personas, y vi la foto que él tenía, de un cantante que me gusta desde hace ya bastantes años. Pinché su chat y comenzamos a hablar sobre bastantes cosas, música, de donde éramos, lo típico. Yo le mandé una foto mía, hoy él me revela que me encontró extremadamente linda, a pesar de que era bastante más joven que ahora, y esa foto no me gusta para nada.

Nos agregamos a facebook, yo sin haber visto su cara ni nada, empecé a sentir una gran atracción por él. La verdad es que su cara en ese momento no me importaba mucho, nunca me quise fijar en su físico porque era lo menos importante, estaba en frente de alguien que de verdad me gustaba. Él era raro, era distinto, me gustaba su forma de ser, parecida a la mía, sabía que escondía más cosas detrás, pero quise que él las sacara por si solo. Pasó el tiempo y de un momento a otro se fue. Se fue sin yo saber nada más de él, le pregunté por twitter por qué había cerrado su facebook, me importaba, y me respondió que volvería a abrirlo, fue lo último que supe de él el año 2013. Ese año siguió su curso normal, no me adentraré en detalles de mi vida personal porque estoy contando mi historia de amor, lo que sí, es que de vez en cuando recordaba nuestras conversaciones, todo lo que hablábamos.

Por fin terminaba el 2013, y en año nuevo, para pasar a mi queridisimo año 2014, veo en mi carpeta de “otros” en facebook un mensaje de él, quise ser indiferente porque estaba sorprendida, pero en realidad toda la emoción me llenó, sabiendo que podría haber una continuación. En el mensaje me había escrito que me extrañaba y si me acordaba de él. Hablamos ya de una manera más madura, yo había crecido, no era la niña chica del año pasado, cuando recién comenzábamos a hablar, era más inteligente.

Desde el primero de enero pasaron muchas cosas, malas y buenas, de las que no me arrepiento pero que jamás volvería a hacer. Él también cometió sus errores, los dos fuimos víctimas del compromiso, nuestra primera vez sintiendo amor. Le dije que lo amaba en un momento muy malo, porque de verdad lo sentía, sentía que tenía que protegerlo, que no quería que se fuera de nuevo, que lo necesitaba y que simplemente lo amaba, y yo aún sin conocer su cara. Después de mucho tiempo, en mayo por fin veo una foto de él, era precioso, sus ojos cafés, su nariz incomparablemente hermosa y su pelo, justo como a mi me gustan, yo sabía que iba a ser así de lindo, pero el físico como dije antes, no me importaba. Él me dijo también que le gusté por eso, porque nunca me importó su físico, porque a pesar de haberle dicho te amo y todo eso, seguía ahí, después de todo.

Después de mayo, que también fue un mes difícil para los dos, en junio, nos juntamos por primera vez. Creo que no lo dije, pero él es de otra ciudad, no es de tan lejos, pero si tiene que viajar una hora y media para verme, lo bueno es que se puede quedar en mi casa. Bueno, la cosa es que nos juntamos, ese día era cuando comenzaba el invierno, hacía un frío espeluznante pero yo seguía ahí, esperando en el metro con los nervios de punta, llegó tarde porque su bus se atrasó, pero eso daba lo mismo. Entré al metro (mientras escribo me estoy poniendo muy nerviosa), le mandaba mensajes para saber dónde estaba y una amiga también.

En un momento, miraba a mi celular, subí la vista y ahí estaba, alto, flaco, blanquito, con sus ojitos negros, tan lindo, sabía que era él, se acercó y nos abrazamos. Ese abrazo, no fue de “por fin nos conocemos”, fue un abrazo de “hola, de nuevo”. Yo sabía que lo conocía, pero jamás lo había visto, fue un reencuentro. Pasamos el día en una plaza de mi comuna, yo como siempre muy tímida, nos abrazábamos y nos decíamos cosas lindas. En un momento, como a las 6 de la tarde, él me dice “oye… antes de que se me olvide” y yo le digo “¿qué?” y me dice “ah… me cuesta, jamás había hecho esto” y yo le digo “mírame a los ojos y dime” y yo me dice “¿quieres pololear conmigo?” y yo le digo “como que… sí”. Le quería decir otra cosa, pero me arrepentí. Después de ese si, nos dimos un beso, el primero de mi vida, y fue muy tierno y sencillo, fue bonito. Desde ese día ha pasado un año y 16 días, seguimos juntos, a distancia pero nunca distanciados. No me arrepiento.

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