Texto por Camila González Simon

Llevo una vida enamorada del amor. Quizás fueron las teleseries de TVN que vi mientras crecí o todas las comedias románticas que devoré sentada en el living de mi casa. Aún así pasé 20 años de mi vida sin un amor romántico. Cuando tenía once años soñaba con un amor que tocaba mi timbre después de enamorarnos en la calle y que me declaraba todos sus sentimientos. Desde ese entonces imaginaba un amor a primera vista y una historia feliz, comiendo perdiz.

Sin embargo, soñaba que me amaban pero no tanto que yo amaba al resto. Aprender a amar a otro es aprender a amarse a uno mismo. Sin embargo, amarse a uno mismo es difícil porque cada vez que nos vemos en el espejo, en el reflejo de alguna ventana o en la soledad de nuestras piezas nos sentimos insuficientes. A veces aceptamos amores que no nos aman bien porque nosotros no nos amamos lo suficiente.

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No importa cuántas veces nos rompan el corazón y, por tanto, temamos que el amor realmente no existe. Seguimos esperando, deseando que quizás hoy veamos en algún rincón, momento y persona una posibilidad de amor. Aunque a veces nos cueste creerlo, somos seres humanos dignos de ser amados.

Hace como tres años que me enamoré de una mujer. Nuestra relación fue una montaña rusa de emociones. Yo vivía todo por primera vez y miraba al resto en busca de un patrón de comportamiento. Escuché demasiado al resto en vez de escucharme a mí misma porque creía que no sabía amar. Con el tiempo, ese amor se fue ensuciando porque yo no sabía si me amaban de vuelta. Aún así, con ella aprendí a abrazar, a recibir cariño, a quedarme todo el día en polera viendo Netflix y comiendo pizza.

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Fotografía sacada con celular una mañana del 2014

Luego amé a un hombre. A veces me preguntaban “¿siempre supiste que te gustaban más los hombres?” “¿tú crees que en verdad te gustaban las mujeres o sólo te gustaba ella?”. Yo creo que más que simplemente reducir el amor que sentimos al hecho de si alguien es hombre o mujer es eso: reducir. Amar a un otro por cómo te hace sentir, por cómo se ríen de lo mismo y no tienen porqué explicar la broma, es ayudar al otro, es el cariño en el pelo hasta dormir.

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El hombre en cuestión.

Amar es dejar en claro todos los sentimientos buenos pero también todas las inseguridades. Amar es reírse pero también llorar. Amar es mostrar no sólo los blancos y negros, sino también los grises. Amar es escuchar canciones tristes y también bailar escuchando otras. Amar es difícil.

En una de mis películas favoritas, Frances Ha, la protagonista explica que para ella el verdadero amor es cuando las dos personas están en una fiesta. Cada uno conversando con otras personas, divirtiéndose. A lo lejos sus miradas se encuentran, no porque están celosas o de una manera sexual, sino porque la otra persona es esa persona en esta vida. Y que en ese cruce de miradas hay un mundo secreto que existe en el público pero que no todos conocen.

Al igual que Frances, yo quiero amar así. Ya no quiero decir quiero un “amor” así. Por eso, creo que contar nuestras historias de amor es un intento de ser más amorosos con nosotros mismos. Ver en nuestro pasado un relato que merece ser contado. Que otros quieren escuchar. Abrir un mundo secreto para que todo el mundo lo conozca y así no se pierda. Que permita aprender de uno mismo y que permita a otros aprender de otras historias. Aprender para amarnos más y más libremente. Con más amor.

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